DOS AMORES
A pesar del frío de la tarde
su paso no era veloz,
buscaba la fuerza del
disimulo,
temía la mirada
escudriñadora
de su hombre, la conocía
bien,
sabía de sus sentimientos
ocultos,
esos, que eran innombrables,
sus más íntimos pliegues.
La trémula luz de las
farolas
le acompañaban en sus pasos,
notaba las manos de su
amante
recorriendo deseosas su
cuerpo,
recordaba su calor, su
aliento,
sus gemidos entrecortados,
veía la desnudez de su sexo
recorriendo sus promesas,
descubrió aspectos solo leídos
convertida en un volcán en
erupción,
notaba, todavía, su lava
ardiente.
Cómo mirar a los ojos de su
hombre
sin descubrirle su amor por
otro,
cómo ocultar los sueños
amados,
la necesidad del sexo
sentido,
el deseo despertado con sus
manos,
en su interior, todavía, brasa
ardiendo
que el llanto no apaga
el deseo anida bajo el arrepentimiento.
Temía el momento de su
abrazo,
los ojos de su hombre en sus
ojos,
conocía la profundidad de su
pozo
y su traición estaba ahí,
la simiente de su amante,
no podía aflorar su
sentimiento
sufría por él, no se lo
merecía.
Debía saber guardar su deseo,
nadie debería saber de la
traición
defendería a su hombre del
escándalo.
Una cierta nostalgia cubrió
su mirada
y con gesto decidido apretó
el paso.
jorgeferreretxezarra